A pie
"Sólo he viajado a pie en los días de mi juventud, y siempre con delicia. Pronto los deberes, los asuntos y un equipaje que llevar me obligaron a dármelas de señor y a utilizar vehículos, a los que conmigo subían atormentadoras preocupaciones, apuros y molestias; mientras que antes en mis viajes no sentía otra cosa que el placer de caminar, desde entonces no he sentido otra cosa que la necesidad de llegar." "Lo que más lamento de los detalles de mi vida cuyo recuerdo he perdido es no haber hecho diarios de mis viajes. Nunca pensé tanto, nunca existí tanto, ni viví tanto ni fuí tanto yo mismo, si es que puedo hablar así, como en los que hice solo y a pie. La marcha tiene algo que anima y aviva mis ideas: cuando estoy quieto apenas puedo pensar; mi cuerpo ha de estar en movimiento para poner en él mi espíritu. La vista del campo, la sucesión de panoramas agradables, el aire libre, el mucho apetito, la buena salud que consigo caminando, la libertad de la taberna, el alej...